Cada 1 de diciembre se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, una fecha que invita a detenerse y observar no solo los avances científicos, sino también los desafíos sociales que aún enfrentan las personas que viven con el VIH. A pesar de que el diagnóstico ya no representa una sentencia de muerte, el virus sigue afectando a más de 40 millones de personas en el mundo, y el 53% de ellas son mujeres y niñas, según ONUSIDA. En este contexto, el estigma y la falta de información continúan siendo barreras tan importantes como el virus mismo.
El VIH se transmite principalmente por vía sexual, por contacto con sangre con carga viral transmisible y de madre a hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia. Como es sabido, no todos los fluidos corporales presentan riesgo: la saliva, el sudor y las lágrimas no transmiten el virus. Por lo tanto, medidas como el uso de preservativos internos o externos, la conversación informada entre parejas sexuales y el testeo regular siguen siendo estrategias esenciales para frenar nuevos contagios.
La medicina ha desarrollado herramientas clave como la Profilaxis Preexposición (PrEP) y la Profilaxis Postexposición (PEP), tratamientos que disminuyen significativamente la posibilidad de adquirir el virus si se administran correctamente. Además, las terapias antirretrovirales permiten que una persona con VIH mantenga su carga viral indetectable, lo que significa que no puede transmitir el virus a otras personas, incluso durante relaciones sexuales. Esto refuerza el mensaje de que indetectable es igual a intransmisible.
Chile ha logrado reducir los nuevos diagnósticos en los últimos años, pero la deuda en educación sexual sigue siendo evidente. Por ejemplo, en 2024 casi el 90% de los nuevos casos notificados no usó preservativo. En paralelo, el acceso desigual a medicamentos más modernos, como la terapia dual, revela una brecha estructural en el sistema de salud pública, vinculada tanto a los costos como a la voluntad política.
Finalmente, el estigma asociado al VIH persiste, dificultando el diagnóstico temprano y el acceso a tratamiento. Las personas con VIH enfrentan discriminación en espacios sanitarios, laborales y sociales, lo que hace urgente una respuesta con enfoque en derechos humanos, participación comunitaria y acompañamiento psicosocial sostenido.





