Con pancartas que exigían respeto al derecho a la ciudad y frases incendiarias como “¡La gentrificación es colonización!”, cientos de personas se manifestaron recientemente en Ciudad de México. A partir de entonces, se reavivó el debate «cuando el desarrollo urbano desplaza a quienes siempre han vivido en esos barrios»
Desde hace años, zonas como la Roma, Condesa y Juárez han experimentado una transformación acelerada. Lo que antes eran barrios con tienditas, fondas y mercados populares, hoy albergan cafés que cobran en dólares, estudios de yoga con nombres en inglés y departamentos en renta por Airbnb. Así, el estilo de vida de los residentes de toda la vida ha sido arrinconado por un modelo económico que privilegia al visitante con alto poder adquisitivo.
La llegada de nómadas digitales, especialmente durante la pandemia, intensificó este proceso. Muchos habitantes locales, como Daniela Grave, denuncian que el problema no es la presencia extranjera, sino la desigualdad que genera. “Si ganan en dólares y no pagan impuestos, hay una ventaja injusta”, comentó durante la protesta. Además, la proliferación de rentas de corto plazo ha hecho casi imposible acceder a una vivienda asequible en estas colonias.
Luis Sosa, residente de la Condesa, opina que parte de la indignación ha sido mal dirigida. Para él, los verdaderos responsables son los desarrolladores inmobiliarios y autoridades que han permitido la especulación. Por otra parte, destaca que algunas expresiones xenófobas dentro de la protesta imitan el mismo rechazo que sufren migrantes mexicanos en el extranjero.
El gobierno capitalino, primero con Claudia Sheinbaum y ahora con Clara Brugada, ha reconocido los riesgos del fenómeno. Aunque en su momento se firmó un acuerdo con Airbnb para atraer trabajadores remotos, hoy se plantea limitar su impacto ante el alza de precios y la pérdida de identidad barrial. Sin embargo, especialistas como Tamara Velásquez advierten que este proceso no es nuevo: desde hace décadas, el acceso a vivienda digna ha retrocedido de la mano del crecimiento desregulado.
La convocatoria a una segunda marcha, ahora al sur de la ciudad, busca visibilizar que la gentrificación no es exclusiva de unas pocas colonias. Por el contrario, se trata de un patrón que afecta de forma estructural a una capital donde lo moderno convive, no siempre en armonía, con lo popular.

