La manifestación del 13 de septiembre en Londres reunió a más de 150.000 personas bajo la consigna “Unamos al Reino”, convocada por Tommy Robinson, figura central de la extrema derecha británica. Desde el escenario en Whitehall, Robinson proclamó que “Reino Unido ha despertado” y presentó la marcha como el inicio de una “revolución patriótica”. Al mismo tiempo, reforzó un discurso que asocia inseguridad y pérdida de identidad nacional con la inmigración, especialmente la musulmana.
El ambiente estuvo marcado por banderas británicas y gorras rojas con el lema “Make England Great Again”, en un guiño a Donald Trump. De hecho, Robinson insiste en que su rol es el de un “defensor de la libertad de expresión”, aunque su retórica se apoya en la idea de una supuesta invasión musulmana. Para especialistas como Laëtitia Langlois, su narrativa encuentra eco en sectores desencantados de la clase trabajadora que sienten que el sistema político no les escucha.
El historial de Robinson, nacido como Stephen Yaxley-Lennon en Luton en 1982, refleja una vida de giros bruscos: de aprendiz de ingeniero aeronáutico a “hooligan” y, más tarde, cofundador de la English Defence League. Desde entonces, su activismo se ha caracterizado por movilizaciones hostiles hacia la comunidad musulmana, enfrentamientos con antifascistas y un constante vaivén entre el extremismo y la autoproclamada defensa de la “verdad silenciada”.
Su prontuario judicial es extenso: agresiones, fraude, desacato al tribunal y acoso en redes. Aun así, cada condena alimenta la percepción de sus seguidores de que es un “mártir” perseguido por decir lo que otros callan. En este sentido, figuras internacionales como Steve Bannon, Geert Wilders o Elon Musk han reforzado su aura de víctima del establishment, amplificando su voz más allá de las fronteras británicas.
El regreso de Robinson a la primera línea en 2024 coincidió con disturbios relacionados con rumores falsos sobre solicitantes de asilo. Desde entonces, su base de apoyo no ha dejado de crecer, encontrando en él un canal para expresar frustraciones sociales y económicas. La reciente marcha en Londres, que incluso atrajo a figuras como Éric Zemmour, confirma que Robinson continúa siendo un actor clave en la agitación política de la extrema derecha en Europa.

