En un ambiente de creciente represión, un hombre ruso fue multado por realizar un comentario satírico en redes sociales sobre la comunidad LGBTQ+. Anton Yevdokimov, de 36 años, recibió una sanción de 100,000 rublos (aproximadamente 975 dólares) tras ser acusado de «propagar relaciones no tradicionales» en la plataforma rusa VK. Su delito: publicar una foto con una bandera del Orgullo y un texto irónico declarando ser el fundador de un inexistente «movimiento extremista LGBTQ+».
En su publicación, Yevdokimov ridiculizó la narrativa oficial al escribir que fue «reclutado en la Escuela Secundaria Arcoíris» y que ahora «irradia arcoíris a todos los homófobos». Aunque claramente sarcástica, la publicación no fue bien recibida por el tribunal, que interpretó sus palabras como una amenaza seria en un país donde cualquier manifestación pro-LGBTQ+ está prohibida.
Desde la extensión en 2022 de la ley rusa contra la «propaganda LGBTQ+», cualquier expresión positiva sobre la diversidad sexual es ilegal para todas las edades. Más allá de las multas, este endurecimiento ha provocado redadas en bares y locales, detenciones masivas de asistentes a clubes nocturnos, y la censura de contenido queer en plataformas como la aplicación de aprendizaje de idiomas Duolingo. Incluso dibujos animados como My Little Pony han sido marcados como contenido exclusivo para mayores de 18 años.
El caso de Yevdokimov no es aislado. Andrei Kotov, director de una agencia de viajes para hombres, fue arrestado en noviembre por supuestamente participar en actividades «extremistas» relacionadas con el movimiento LGBTQ+. Poco después, fue hallado muerto en su celda, con cortes en su cuerpo, según informes de OVD-Info, una organización de derechos humanos. Las autoridades alegan que Kotov y otros «socavaron los valores familiares tradicionales» con publicaciones y actividades públicas.
La persecución no se limita a multar a activistas. Rusia está utilizando las leyes anti-LGBTQ+ como herramientas de control social y opresión política, enviando un claro mensaje de intolerancia. Mientras tanto, grupos de derechos humanos siguen exigiendo justicia y visibilizando los abusos, pero el ambiente para la comunidad LGBTQ+ en Rusia sigue siendo extremadamente peligroso.
La situación evidencia cómo el autoritarismo utiliza la discriminación como arma para silenciar voces disidentes y consolidar su poder.