Más de 100.000 personas se tomaron las calles de Londres el sábado 26 de julio en una histórica edición de la Trans+ Pride, que batió todos los récords de participación desde su creación en 2019. Desde entonces, la marcha ha crecido año tras año, consolidándose como la movilización más grande del mundo por los derechos de las personas trans.
La edición de este año estuvo marcada por un fuerte tono de denuncia, en especial hacia el fallo de la Corte Suprema del Reino Unido que en abril redefinió legalmente a la figura de “mujer” excluyendo a mujeres trans del marco de protección de la Equality Act de 2010. Ante este retroceso, la consigna central fue clara: “Existencia y resistencia”, un llamado a la visibilidad, pero también a la defensa activa frente al avance institucional del discurso antitrans.
El recorrido de la marcha atravesó puntos icónicos como Regent Street, Piccadilly y Trafalgar Square, y culminó en Parliament Square, donde voces como la de la actriz Yasmin Finney y la activista Caroline Litman subrayaron la urgencia de revertir políticas que ponen en riesgo la vida de las personas trans. Litman, cuya hija murió tras años de espera para acceder a atención sanitaria, fue una de las oradoras más conmovedoras del evento. En paralelo, pancartas y cánticos apuntaban directamente al gobierno de Keir Starmer y a su ministro de salud Wes Streeting, cuyas medidas han restringido aún más el acceso a tratamientos de afirmación de género.
La rabia también se tradujo en humor ácido, con carteles que ironizaban: “Transfobia, ¿en Reino Unido? Increíble”. No obstante, la jornada fue mucho más que una protesta. Fundadores como Lewis G. Burton la definieron como un acto viral de alegría y resistencia, una muestra del poder colectivo de una comunidad que se niega a ser borrada. En ese sentido, el evento también conectó con luchas internacionales, visibilizando la causa palestina en medio del silencio oficial británico.
Mientras tanto, en ciudades como Berlín y Ámsterdam, miles se sumaron a celebraciones del Orgullo, recordando que la lucha por los derechos LGBTIQ+ no es exclusiva de un solo país. Sin embargo, lo ocurrido en Londres marcó un precedente: la resistencia trans ya no se limita a sobrevivir; hoy, más que nunca, exige vivir con dignidad.

