Expertas y expertos en prevención de genocidios están lanzando una advertencia urgente: Estados Unidos podría estar transitando las primeras etapas de un proceso genocida dirigido contra personas trans, no binarias e intersexuales. Según organizaciones como el Instituto Lemkin y Genocide Watch, el creciente clima político antitrans apunta a una eliminación sistemática de estas identidades de género.
De hecho, académicas como la Dra. Elisa von Joeden-Forgey sostienen que la derecha estadounidense ha instrumentalizado el miedo, particularmente en torno a la infancia, la familia y la masculinidad, para preparar a su base política hacia una deshumanización progresiva. En paralelo, el Dr. Gregory Stanton, creador del término “Genocide Watch”, subraya que esta narrativa se alimenta de ideas totalitarias, con raíces en la ideología nazi, al imponer una visión binaria y rígida del género que borra otras existencias posibles.
Mientras tanto, ex investigadores como Haley Brown alertan que las legislaciones restrictivas —como las leyes de baños en 20 estados— otorgan un permiso implícito para que la población civil actúe como vigilante, reforzando normas de género hasta en los detalles fisiológicos. A esto se suma el uso de teorías conspirativas como el “marxismo cultural”, heredera directa de la retórica antisemita del nazismo, que posiciona a feministas, personas LGBTQIA+ y movimientos progresistas como enemigos de Occidente.
El panorama legal también es inquietante: desde 2025, cientos de proyectos de ley han atacado directamente los derechos de la comunidad trans, restringiendo su acceso a atención médica, investigación académica, e incluso visibilidad en currículos escolares. Esto, según Theriault, no solo busca marginar, sino hacer la vida de las personas trans “intolerable”, provocando un aumento alarmante en los índices de suicidio y violencia.
Finalmente, la preocupación central no radica en preguntarse si ocurrirá un genocidio, sino en reconocer que el daño ya está en curso. Y si un Estado comete genocidio contra un grupo, advierte von Joeden-Forgey, ese Estado ya ha dejado de ser una democracia.

