En un giro inesperado, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha intensificado su regulación sobre los poppers, provocando el cierre de Double Scorpio, una de las marcas más conocidas de estos productos. La empresa confirmó su cese de operaciones el 13 de marzo de 2025, tras una redada y la incautación de bienes en sus instalaciones. Poco después, su sitio web y redes sociales fueron eliminados sin previo aviso.
Este endurecimiento de las regulaciones ha afectado a otros fabricantes, como Rush y Jungle Juice, que también han enfrentado inspecciones y restricciones. Aunque los poppers han sido comercializados durante décadas en un área legal gris, las recientes medidas de la FDA sugieren un cambio en la postura del gobierno respecto a estos productos.
Los poppers, técnicamente nitritos de alquilo, han sido utilizados durante años en distintos contextos, desde la vida nocturna hasta la relajación muscular. Aunque su venta para consumo humano es ilegal en EE.UU., las empresas han sorteado esta regulación comercializándolos como limpiadores de cuero o removedores de esmalte. Sin embargo, con la llegada de Robert F. Kennedy Jr. al Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), la situación ha cambiado drásticamente.
RFK Jr. ha sido una figura controversial en el ámbito de la salud pública, promoviendo teorías desacreditadas sobre diversas enfermedades. En el pasado, ha sugerido que los poppers podrían estar relacionados con el desarrollo del SIDA, una afirmación que contradice décadas de estudios científicos que confirman que el VIH es el causante de la enfermedad. Sus posturas han sido ampliamente criticadas por la comunidad médica y expertos en salud pública.
Más allá de las preocupaciones sanitarias, este operativo ha generado cuestionamientos sobre las prioridades regulatorias del gobierno. Mientras sustancias como el alcohol, el tabaco y los opioides siguen siendo de fácil acceso, la prohibición de los poppers parece responder a una estrategia más amplia de control sobre ciertos espacios y hábitos de consumo.
El futuro de estos productos en EE.UU. es incierto. Con la desaparición de marcas icónicas y un aumento en la vigilancia, es probable que el mercado se desplace hacia canales no regulados, incrementando el riesgo de productos adulterados y situaciones de consumo inseguro.