Noam Chomsky ha sido durante décadas una referencia intelectual global, tanto por sus aportes a la lingüística como por su crítica constante a los abusos del poder. Sin embargo, la reciente publicación de nuevos archivos judiciales en Estados Unidos volvió a poner bajo escrutinio su vínculo personal con Jeffrey Epstein. En ese marco, la discusión ya no gira solo en torno a delitos comprobables, sino a decisiones éticas y responsabilidades públicas.
Los documentos revelados muestran que el contacto entre Chomsky y Epstein no fue ocasional ni breve, sino sostenido entre 2015 y 2019. Además, aparecen correos electrónicos con un tono cercano, encuentros presenciales y asesoramientos solicitados por el financista cuando su imagen pública se desplomaba. De hecho, en febrero de 2019, Chomsky le sugirió ignorar a la prensa y atribuyó las denuncias a un clima de “histeria” en torno al abuso de mujeres.
Estas revelaciones provocaron reacciones incluso entre personas muy cercanas al lingüista. Por ejemplo, Vijay Prashad, su colega y coautor, expresó públicamente su horror y afirmó que no existe contexto posible que atenúe esa relación. Desde una experiencia personal marcada por la violencia sexual, Prashad cuestionó con dureza la disposición de Chomsky a ofrecer comprensión y consejos a alguien ya condenado por delitos contra menores.
A la polémica se sumó la palabra de Valeria Chomsky, esposa del intelectual, quien reconoció que mantener ese vínculo fue un grave error. Según explicó, Epstein se presentó como filántropo interesado en la ciencia y ocultó deliberadamente su historial criminal. En consecuencia, admitió que no investigaron lo suficiente y que solo comprendieron la magnitud de sus crímenes tras la segunda detención del financista en 2019.
Aunque no hay pruebas de participación de Chomsky en actividades ilegales, el impacto simbólico es profundo. Porque, cuando una figura asociada a la defensa de los derechos humanos minimiza —aunque sea retóricamente— las denuncias de abuso, se resiente la confianza construida durante décadas. Así, el caso expone cómo el capital económico y social de ciertos depredadores logra abrir puertas incluso en espacios que se pensaban inmunes.

