La película australiana Together, una historia de horror con tintes emocionales dirigida por Michael Shanks, fue retirada de las salas de cine en China tras la polémica edición de una escena clave: una boda entre dos hombres. En lugar de eliminarla por completo, como ha sucedido en otras ocasiones, la distribuidora local Hishow usó inteligencia artificial para superponer el rostro de una mujer sobre uno de los novios, heteronormativizando la escena original sin consentimiento de los creadores.
La reacción no tardó en llegar. Neon, distribuidora internacional del filme, denunció la modificación como “no autorizada” y exigió el fin inmediato de su proyección en el país. Las funciones comenzaron el 12 de septiembre en 11 ciudades chinas, pero fueron interrumpidas antes del estreno nacional. En plataformas como Xiaohongshu y Douban, la audiencia expresó indignación ante la manipulación, calificándola de ofensiva tanto para el mensaje del filme como para la comunidad LGBTQ+.
Este no es un caso aislado. En China, la censura de contenido queer ha sido constante, desde la eliminación de referencias a la homosexualidad en Bohemian Rhapsody, hasta la supresión del romance entre Dumbledore y Grindelwald en Fantastic Beasts. A esto se suma la prohibición de “comportamientos afeminados” en medios desde 2021 y la reciente criminalización de la literatura danmei, un género centrado en relaciones entre hombres.
Aunque la homosexualidad no es ilegal en China, su representación pública enfrenta serias restricciones. Expertos como Jason Coe y Zeng Hong alertan sobre el uso creciente de herramientas digitales para borrar o alterar identidades queer en la pantalla, marcando una nueva fase en la vigilancia cultural del Estado. Paradójicamente, encuestas muestran que una mayoría de la población apoya los derechos LGBTQ+, evidenciando una desconexión entre las políticas oficiales y la sociedad.

