Censuran contenido LGBTQ+ en la película animada Elio

Durante su desarrollo, Elio parecía destinada a ser una obra singular dentro del universo Pixar: una aventura intergaláctica con un protagonista sensible y lleno de matices, basada en las vivencias personales de Adrian Molina, su director original y guionista, abiertamente gay. Sin embargo, lo que llegó finalmente a las salas de cine dista mucho de esa visión inicial.

A medida que avanzaba la producción, comenzaron a desaparecer elementos que dotaban de identidad al personaje principal. De hecho, según reveló The Hollywood Reporter, entre los recortes se eliminaron desde imágenes en la habitación de Elio que insinuaban un enamoramiento por otro niño, hasta escenas en las que mostraba su pasión por la moda y el reciclaje, como un desfile en la playa con ropa hecha de basura reutilizada. Todo aquello que hacía de Elio un personaje diferente fue considerado demasiado «alejado» del estándar masculino impuesto por la directiva del estudio.

Las tensiones llegaron a su punto más alto tras una función de prueba interna: aunque la película fue bien recibida, el entusiasmo no se tradujo en intención de pago por parte del público. A partir de entonces, las decisiones ejecutivas se intensificaron. Molina, profundamente afectado por las críticas del jefe creativo Pete Docter, terminó alejándose del proyecto. Madeline Sharafian y Domee Shi asumieron el mando, marcando un cambio drástico en el tono y contenido del film.

Estos recortes no pasaron desapercibidos entre el equipo. Sarah Ligatich, exasistente de edición en Pixar, denunció que gran parte del personal queer se sintió desplazado y desilusionado. Por lo tanto, varias personas abandonaron la producción, alegando que lo que quedaba de la historia era apenas una sombra de su potencial original.

La transformación no solo se limitó al guion. La actriz America Ferrera, quien iba a dar voz a la madre de Elio, también se retiró tras la salida de Molina, y su personaje fue reescrito como «la tía Olga», ahora interpretada por Zoe Saldaña. Así, el proyecto fue perdiendo no solo diversidad narrativa, sino también representatividad frente y detrás de cámara.

Con un estreno que apenas rozó los 20 millones de dólares en su primer fin de semana en EE.UU. y un presupuesto que habría superado los 150 millones, Elio se convirtió en el mayor fracaso comercial en la historia de Pixar. Más aún, se volvió un símbolo de cómo las decisiones corporativas pueden silenciar voces, borrar matices identitarios y aplanar historias que podrían haber resonado con una nueva generación de espectadores.

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