La bandera arcoíris volvió a flamear en el Monumento Nacional Stonewall, en Nueva York, después de que el Gobierno de Donald Trump ordenara retirarla bajo una directiva que limita los emblemas en sitios federales. En ese contexto, activistas, autoridades locales y vecinas del barrio se reunieron para restituir un símbolo que consideran inseparable de la memoria y la dignidad LGBTIQ+.
La decisión oficial, amparada en la exigencia de exhibir únicamente banderas autorizadas por el Congreso en espacios del Servicio de Parques Nacionales, desató indignación. Frente a ello, cientos de personas llegaron a Christopher Park con pancartas y enseñas multicolores para participar en una ceremonia encabezada por el presidente del distrito de Manhattan, Brad Hoylman-Sigal, junto a representantes municipales, estatales y federales.
Stonewall no es un parque cualquiera. De hecho, allí, en junio de 1969, personas gays, lesbianas y trans resistieron una redada policial en el bar Stonewall Inn, en una época marcada por la persecución sistemática. Aquellas noches de protesta encendieron el movimiento moderno por los derechos LGBTIQ+ y convirtieron el sitio en un faro global de lucha y orgullo. En 2016, el entonces presidente Barack Obama lo declaró monumento nacional.
Durante el acto, algunas voces celebraron lo que calificaron como una victoria frente a un gesto “mezquino” del Gobierno federal. Al mismo tiempo, se vivieron momentos de tensión cuando un grupo intentó retirar la bandera estadounidense colocada previamente; finalmente, ambas quedaron izadas, con la arcoíris en lo alto.
Desde el Departamento del Interior calificaron la restitución como un “espectáculo político” y defendieron que los cambios buscan uniformidad en todos los monumentos nacionales. Pese a esa postura, activistas y comerciantes queer insistieron en que Stonewall es un espacio sagrado para su comunidad y prometieron mantenerse firmes ante cualquier intento de borrar su historia.

