Ariana Grande fue una de las protagonistas indiscutidas en la última edición de los MTV Video Music Awards, celebrada en Nueva York. Con tres premios bajo el brazo —incluyendo Video del Año y Mejor Pop por Brighter Days Ahead—, la artista se mostró visiblemente emocionada al recibir el galardón más esperado de la noche. Entre lágrimas, agradeció a su equipo, a su familia y, en una de las menciones más comentadas de la velada, a su terapeuta y a “la gente gay”, provocando una ola de reacciones en redes que celebraron su gesto como un guiño necesario a una comunidad históricamente vinculada al pop.
Además, dedicó palabras especiales a su padre Edward Butera, quien hizo una aparición en el videoclip ganador. Fue la primera vez que él participó en un proyecto artístico junto a ella, algo que la cantante valoró con emoción. También mencionó a Christian Breslauer, director del video, y al equipo completo que ayudó a construir el universo visual de la pieza, marcada por una estética retrofuturista y toques de fantasía emocional. De esta forma, Ariana dejó claro que su proceso creativo ha sido colectivo y profundamente personal.
El video, de 26 minutos, la muestra en una versión envejecida de sí misma, sometida a una restauración de la memoria que le permite reconectar con momentos claves de su juventud. Este viaje introspectivo se entrelaza con una narrativa visual poderosa, en la que la música se convierte en vehículo para sanar heridas y resignificar el pasado. La obra, que coquetea con la ciencia ficción emocional, también refuerza su lugar como artista multidisciplinaria.
Mientras tanto, Lady Gaga también brilló en la noche, llevándose el premio a Artista del Año y el de Mejor Colaboración junto a Bruno Mars por Die with a Smile. Sabrina Carpenter fue reconocida por el Álbum del Año y Rosé, ícono del K-pop, se alzó con la Canción del Año. A pesar de su historial reciente, Kendrick Lamar no logró llevarse ningún galardón, contrastando con su dominio en premiaciones anteriores.
Por otro lado, la ceremonia evitó cualquier postura política explícita, marcando un giro con respecto al año pasado, cuando Taylor Swift llamó abiertamente al voto. Esta vez, el foco estuvo en lo musical, con un despliegue escénico que combinó nostalgia noventera y coreografías explosivas.

