Australia puso en marcha una reforma en su sistema de donación de sangre que amplía el acceso para hombres gays y bisexuales, además de personas trans. Desde el 20 de abril, los centros de Lifeblood aplican un cuestionario igual para toda la población donante, sin distinguir por género u orientación sexual. Así, se reemplaza un esquema histórico basado en categorías identitarias por otro centrado en prácticas y criterios sanitarios.
Hasta ahora, gran parte de la comunidad LGBTQ+ quedaba excluida si había tenido relaciones sexuales en los tres meses previos, incluso dentro de vínculos estables. Sin embargo, esas restricciones nacieron en los años 80, durante la crisis del VIH, cuando no existían métodos actuales de detección temprana ni tratamientos eficaces. Con el avance científico, organizaciones y activistas cuestionaron durante años normas consideradas estigmatizantes y desactualizadas.
Con el nuevo protocolo, cualquier persona en una relación monógama puede donar sangre o plaquetas de inmediato si cumple otras condiciones, como edad y niveles adecuados de hierro. Además, ya no se consulta específicamente a los hombres si tuvieron sexo con otros hombres: todas las personas responden las mismas preguntas sobre actividad sexual reciente y cantidad de parejas.
La modificación fue revisada y autorizada por la autoridad regulatoria australiana. Lifeblood estima que permitirá sumar hasta 20.000 donaciones adicionales por año. De hecho, un cambio previo aplicado al plasma en 2025 ya incorporó miles de nuevos donantes y cerca de 10.000 aportes, lo que fortaleció las reservas disponibles.
Para muchas personas afectadas por la antigua normativa, la medida también representa un reconocimiento simbólico. En ese sentido, trabajadores de la salud y donantes celebraron una actualización que combina seguridad transfusional, mayor disponibilidad de sangre y un trato más inclusivo.





