Kesha acusa a Trump de banalizar la guerra con su música

Kesha alzó la voz contra la Casa Blanca tras descubrir que su tema “Blow”, lanzado en 2010 como parte del universo festivo de Animal y Cannibal, fue utilizado en un video oficial en TikTok. El clip, publicado el 10 de febrero, muestra un avión de combate disparando un misil contra un buque mientras suenan versos de la canción y la palabra “Lethality” acompaña la escena. Sin embargo, lo que para la cuenta presidencial fue un despliegue de fuerza, para la artista significó una banalización de la violencia.

La publicación acumuló millones de visualizaciones y “me gusta”. Aun así, semanas después Kesha reaccionó con contundencia en X: afirmó que su música no puede emplearse para “incitar a la violencia” ni para “amenazar con la guerra”. Calificó de “repugnante e inhumano” trivializar un conflicto armado y subrayó que el amor —no el odio— es el mensaje que guía su trabajo. Además, pidió explícitamente que dejaran de usar sus canciones con fines bélicos.

En otro mensaje, fue todavía más directa al dirigirse a la cuenta oficial de la Casa Blanca para exigir que cesaran. Por su parte, el director de comunicaciones, Steven Cheung, respondió desestimando la crítica y sugiriendo que estas polémicas solo incrementan la visibilidad de sus publicaciones.

El cruce se suma a una larga lista de artistas que han cuestionado a la administración Trump por apropiarse de sus obras sin consentimiento. Rihanna, Adele, Elton John y los Village People han manifestado objeciones similares en el pasado. De igual modo, Radiohead, Sabrina Carpenter y Olivia Rodrigo denunciaron el uso de sus canciones en contenidos vinculados a políticas migratorias. La discusión, más allá del intercambio en redes, vuelve a poner sobre la mesa quién controla el significado de una obra cuando entra en la arena política.

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