Britney Spears decidió desprenderse de los derechos de su catálogo musical en un movimiento que medios especializados describen como potencialmente “histórico”, marcando un nuevo capítulo en una carrera que hoy permanece en pausa. En ese contexto, la artista firmó a fines de diciembre un contrato con la editorial Primary Wave, compañía que ahora administrará una parte central de su legado sonoro.
Según reportes de TMZ y Variety, el acuerdo podría ubicarse en una cifra cercana a los 200 millones de dólares, similar a operaciones recientes de otras figuras del pop global. Aunque el monto exacto no fue revelado públicamente, los documentos revisados por la prensa estadounidense hablan de una transacción de gran escala, gestionada por su representante Cade Hudson.
El pacto abarca clásicos que definieron el cambio de milenio y consolidaron su estatus como ícono cultural: desde “…Baby One More Time” y “Oops!… I Did It Again” hasta “Toxic”, “Gimme More” y “Womanizer”. De esta manera, buena parte de las canciones que moldearon la banda sonora de toda una generación pasarán a manos de una firma que ya administra catálogos de artistas como Whitney Houston, Prince y Bob Marley.
Variety detalla que Sony Music controlaba previamente los derechos fonográficos, por lo que el trato incluiría regalías y derechos de explotación comercial, aunque no su imagen ni su marca personal. Al mismo tiempo, la operación ocurre en un periodo de silencio creativo: Spears no publica un álbum desde 2016 ni se presenta en vivo desde 2018, cuando cerró su gira “Piece of Me”.
Fuentes citadas por la prensa aseguran que la cantante se encuentra satisfecha con la decisión y ha optado por vivir este proceso en el ámbito privado, acompañada de su familia. Así, Spears se suma a la creciente lista de artistas que han optado por capitalizar su obra en un mercado donde los catálogos musicales se han convertido en activos millonarios.

