Paris Jackson, hija del ícono del pop Michael Jackson, utilizó recientemente su cuenta de TikTok para hablar, con crudeza y franqueza, sobre los daños físicos que el consumo de drogas ha dejado en su cuerpo. A través de un video, mostró una perforación en su tabique nasal, visible al iluminar su rostro con la linterna del móvil. Según relató, convive con ese orificio desde los 20 años, lo que le provoca un silbido constante al respirar y dificulta su trabajo como cantante en el estudio.
Más allá del impacto visual, Jackson explicó que esa herida es una consecuencia directa de sus años de adicción, una etapa que, en sus propias palabras, “casi arruina” su vida. Con su característico tono ácido, lanzó una advertencia a sus seguidores: “No consuman drogas, niños”. La artista también dejó claro que no se someterá a una cirugía para reparar el daño, ya que el proceso requeriría el uso de analgésicos, algo que podría poner en riesgo su sobriedad, que mantiene desde hace casi seis años.
Este testimonio se suma a otras confesiones públicas que ha hecho en redes sociales y eventos vinculados a la recuperación. En enero de este año, Jackson celebró cinco años de sobriedad con un emotivo post en Instagram, donde compartió imágenes de su vida pasada marcada por el consumo y su presente centrado en la sanación. “Gracias a la sobriedad, puedo sentir, crear y hasta sufrir con plenitud”, escribió.
Su historia no es nueva, pero ha tomado nuevas formas con el paso del tiempo. En 2017 reveló que había intentado suicidarse varias veces durante su adolescencia, en medio de una profunda depresión. Algunas de sus cicatrices, ahora ocultas por tatuajes, son testimonio de aquellos años. Hoy, lejos de esconder su historia, Jackson decide visibilizarla, con la intención de prevenir y abrir diálogos honestos sobre las secuelas que dejan las adicciones.

