En un cierre tan poderoso como estremecedora, Massive Attack transformó el Fauna Primavera 2025 en una experiencia que fue mucho más allá de la música. La banda británica regresó al país tras 15 años de ausencia con un espectáculo en el que la política, el arte visual y la denuncia social se entrelazaron con una destreza pocas veces vista en un festival. Desde el inicio, quedó claro que no sería una presentación convencional: las proyecciones de inteligencia artificial mostraban a líderes globales como Donald Trump y Netanyahu en escenarios distorsionados, mientras se exponían cifras de víctimas en Palestina, Sudán y el Congo.
Al mismo tiempo, los rostros del público aparecían en la pantalla en una muestra de reconocimiento facial, sumando tensión al mensaje crítico sobre vigilancia y control social. El escenario se convirtió en una declaración audiovisual: frases como “Congo, Sudán, Palestina” se fundían con sonidos densos y visuales inquietantes, dejando claro que Massive Attack sigue usando su arte como un canal de interpelación directa. En ese contexto, Robert Del Naja se dirigió al público en español, recordando que Chile alberga la diáspora palestina más grande fuera del mundo árabe, lo que fue celebrado con aplausos y vítores.
Pero uno de los momentos más esperados de la noche fue la aparición de Elizabeth Fraser. La voz de Cocteau Twins, etérea y conmovedora, se alzó sobre los beats industriales en canciones como “Teardrop” y “Black Milk”, envolviendo a Ciudad Empresarial en una atmósfera de melancolía sublime. Fraser, ovacionada desde su primera intervención, elevó el nivel emocional del show con una interpretación que hizo vibrar al público. A su lado, brillaron también Horace Andy y Deborah Miller, completando un reparto vocal de lujo que dio cuerpo a más de quince canciones.
Horas antes del show, Del Naja ya había marcado su postura política visitando el estadio de Palestino, donde se le vio con la camiseta del equipo. Ese gesto, pequeño pero significativo, anticipaba el espíritu del concierto: un arte cargado de sentido, que no evade la realidad, sino que la enfrenta de lleno.

