El lujoso matrimonio de Setayesh Shamjani, hija del influyente asesor del régimen iraní Ali Shamjani, ha desatado un escándalo político en un país donde el velo sigue siendo obligatorio por ley. La joven apareció en el video filtrado del evento sin cubrir su cabello y con un vestido blanco de escote pronunciado, desafiando las normas impuestas por el mismo Estado que su padre ha defendido con mano dura. Así, la ceremonia privada se convirtió en un gesto público de contradicción.
La boda, celebrada en un exclusivo hotel de Teherán, estuvo marcada por una estética abiertamente occidental, desde la ambientación hasta el vestuario de las invitadas, también sin velo. Mientras tanto, en el resto del país, las mujeres que optan por no cubrirse se enfrentan a multas, detenciones o incluso castigos físicos. Esta aparente excepción para los círculos cercanos al poder expuso una doble vara que ha encendido los ánimos en redes sociales.
Ali Shamjani, conocido por su papel clave en la represión de las protestas que siguieron a la muerte de Mahsa Amini en 2022, fue señalado directamente como símbolo de esa hipocresía. A pesar de haber defendido públicamente el uso del hiyab como un deber religioso, su hija celebró una boda que desafiaba todos los códigos que él ha buscado imponer. De inmediato, la ciudadanía respondió con furia ante la falta de coherencia en las élites.
La indignación se vio amplificada por el contexto económico: una población que sufre inflación, desempleo y represión fue testigo de una fiesta ostentosa decorada con flores, luces y abundancia. En contraste, el discurso oficial continúa exigiendo sacrificio, modestia y obediencia. La frase con la que Shamjani respondió a las críticas —“¡Bastardos, sigo vivo!”— no hizo más que encender el enojo.
Desde medios reformistas hasta usuarios comunes en plataformas digitales, la crítica se volvió viral. Algunos sectores conservadores intentaron minimizar el escándalo, insinuando que el video había sido manipulado o que el evento era exclusivamente femenino. Sin embargo, la imagen de una novia sin velo, celebrando libremente en pleno Teherán, ha quedado grabada como un potente recordatorio de la distancia entre quienes dictan las reglas y quienes las padecen.

