En la ciudad de Indore, en el estado indio de Madhya Pradesh, veinticuatro personas trans fueron hospitalizadas tras ingerir un desinfectante de fenol en un intento colectivo de quitarse la vida la noche del 15 de octubre. Sin embargo, el personal del Hospital Maharaja Yashwantrao confirmó que todas se encuentran fuera de peligro y bajo constante atención médica. Aun así, las imágenes registradas por cámaras de seguridad, difundidas luego en redes sociales, revelaron la magnitud del hecho y generaron una ola de indignación pública.
Las autoridades detuvieron a Sapna Guru, conocida como Sapna Haji, una reconocida lideresa local de la comunidad trans, acusada de amenazas y agresiones hacia las personas involucradas en el intento de suicidio. Además, fueron arrestados tres hombres presuntamente vinculados al caso, según el subcomisario de policía Rajesh Dandotiya. Por su parte, algunos vecinos sostienen que el suceso podría estar relacionado con un acto de protesta frente a la inacción policial ante una agresión sexual contra una mujer trans, versión que aún se investiga.
El episodio ha reabierto el debate sobre la profunda vulnerabilidad que atraviesan las personas trans en India. Aunque en los últimos años el país ha avanzado en materia de reconocimiento legal, la discriminación cotidiana, la precariedad laboral y el estigma social siguen siendo parte de su realidad. En consecuencia, organizaciones de derechos humanos han exigido al gobierno políticas públicas que garanticen no solo la inclusión formal, sino también condiciones dignas de vida y acceso real a servicios de salud mental.
Este no es un hecho aislado. De hecho, casos similares se han registrado en países vecinos: en Bangladesh, en 2018, ocho jóvenes LGBT+ murieron en un suicidio colectivo; y en Mumbai, en 2020, una decena de personas de la comunidad trans enfrentaron destinos semejantes. Así, la tragedia de Indore vuelve a poner en evidencia el peso de la exclusión y la urgencia de una respuesta institucional que proteja la vida y la dignidad de quienes más sufren la violencia del rechazo.

