Denuncian tortura sistemática a trabajador neurodivergente en Osorno

El ingreso de un trabajador neurodivergente al área informática del Hospital Base de Osorno, en 2018, marcó el inicio de una serie de abusos sistemáticos que se prolongaron por dos años. Lo que comenzó como un reemplazo temporal, terminó por convertirse en una experiencia profundamente traumática, atravesada por humillaciones físicas y psicológicas que fueron registradas en videos y fotografías por los propios agresores. En consecuencia, el caso ha sacudido al sistema de salud local y evidenciado vacíos graves en la protección laboral e institucional.

Durante este período, el funcionario fue víctima de episodios alarmantes: fue amarrado, amordazado, rapado contra su voluntad y quemado con vapor. Estas acciones, ejecutadas por sus colegas en un contexto de burla, incluyeron simulaciones de violencia sexual y montajes escenográficos diseñados para ridiculizarlo, como envolverle la cabeza con plástico o hacerlo posar con objetos infantiles. Además, las imágenes muestran cómo lloraba mientras sus agresores reían y lo fotografiaban, en una dinámica de abuso continuado que no encontró freno ni supervisión.

La Multigremial de Salud de Osorno ha exigido la renuncia de dos directivos del hospital, apuntando a su responsabilidad administrativa frente a la inacción institucional. Por su parte, la dirección del centro asistencial declaró que fue recién en 2024 cuando se reabrió un sumario interno, tras recibir nuevos antecedentes. Esta tardía respuesta ha sido duramente cuestionada por organizaciones sindicales, que consideran la omisión inicial como una forma de complicidad.

La Federación Nacional de Trabajadores de la Salud (FENATS) condenó públicamente lo ocurrido, recalcando que no se trata de un hecho aislado, sino de un síntoma de violencia estructural. En ese contexto, han solicitado sanciones inmediatas para los responsables, tanto a nivel operativo como jerárquico. Mientras el Ministerio Público investiga los posibles delitos, la víctima continúa enfrentando las secuelas de una violencia institucional que, por años, fue silenciada.

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