Mueren seis periodistas en Gaza tras bombardeo israelí

Seis periodistas palestinos murieron el domingo en Gaza tras un bombardeo israelí contra la tienda de campaña donde trabajaban y dormían, frente al hospital Al Shifa. Entre ellos estaba Anas al Sharif, de 28 años, corresponsal de Al Jazeera y figura emblemática de la cobertura del conflicto. La cadena catarí denunció un ataque “premeditado” contra la libertad de prensa y reclamó acciones internacionales para frenar la violencia contra reporteros. Por su parte, la ONU calificó el hecho como una “grave violación del derecho internacional humanitario” y recordó que, desde octubre de 2023, al menos 242 periodistas palestinos han muerto.

Israel sostiene que Al Sharif era miembro de Hamás y dirigía una célula armada, alegando que halló documentos que lo prueban. Sin embargo, solo ha publicado capturas de pantalla de supuestos listados de militantes, cuya autenticidad no ha sido verificada por medios independientes. La acusación ha sido reiterada en múltiples ocasiones por el portavoz militar Avichay Adraee, quien también lo señaló de fabricar reportajes y encubrir a grupos armados. En contraste, Al Jazeera y organizaciones como Reporteros Sin Fronteras rechazan estas afirmaciones, acusando a Israel de criminalizar a periodistas para justificar ataques.

Al Sharif, nacido en el campo de refugiados de Yabalia y padre de dos niños pequeños, había perdido a su padre en un bombardeo en 2023. Aun así, continuó informando desde las zonas más castigadas de Gaza, narrando el hambre y la destrucción. En un texto escrito en abril como testamento, aseguró que nunca distorsionó la verdad y pidió al mundo no olvidar a Gaza. Minutos antes de morir, publicó un mensaje advirtiendo que la ciudad podría quedar reducida a ruinas si no se detenía la ofensiva.

El ataque ocurrió en un contexto de bloqueo informativo: Israel impide la entrada de prensa extranjera a Gaza, lo que deja a reporteros locales como únicos testigos. Al mismo tiempo, la crisis humanitaria se agrava: hospitales colapsados, niños con desnutrición severa y escasez extrema de alimentos básicos como el azúcar, cuyo precio ha alcanzado cifras exorbitantes, complican incluso el tratamiento de enfermedades crónicas.

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