Cómo no pelear (¿o sí?) en navidad si eres LGBTQ+

Por NoEsoyCreici

La Navidad evoca imágenes de abrazos familiares, cenas abundantes y momentos de alegría compartida. También esa antigua tradición de pelearte con tu tía Myriam e irse a acostar enojado. Para quienes forman parte de la comunidad LGBTQ+, las reuniones familiares pueden ser un campo minado de tensiones, preguntas incómodas y rechazos implícitos o explícitos. Y pobre que te defiendas, porque entonces eres la dramática, el equivalente colizón del Grinch, una arruina navidades.

Y es que el contexto familiar, en teoría un espacio seguro, muchas veces amplifica dinámicas de discriminación y estigmatización que se viven en otros ámbitos, descontando además que en estas fechas estamos todxs un poco más sensibles. En Chile, aunque se ha logrado avances legales y sociales, persisten actitudes y comentarios homofóbicos puertas adentro, que afectan profundamente la estabilidad emocional de quienes enfrentan estas situaciones. Durante las fiestas, un periodo que debería fomentar la unión, la comunidad LGBTQ+ suele enfrentarse a retos adicionales, desde evitar muestras de afecto con sus parejas -en el raro caso de que le inviten, o más rebuscado aún, que la tengas- hasta soportar «chistes» o cuestionamientos sobre su identidad.

Frente a estas dificultades, en el mundo han comenzado a surgir alternativas que buscan transformar la experiencia navideña. Por ejemplo en Madrid, la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales (FELGTBI+) organizó el año pasado una cena libre de prejuicios, donde más de 80 personas compartieron una velada sin miedo a ser juzgadas. Esta iniciativa, aunque lejana, inspira a pensar en soluciones similares en Chile, donde se podrían crear eventos comunitarios que fomenten la conexión desde el respeto y la empatía.

Para quienes no tienen acceso a espacios inclusivos, es crucial priorizar el autocuidado. Así que aquí te dejo algunas sugerencias para que ganes un espacio esta navidad: Primero, establecer límites claros con familiares que realicen comentarios hirientes. Sin exaltarse, en frío como lo haría Miranda Presley, así pones a la audiencia de tu lado. Otra opción es buscar aliados dentro del círculo familiar, así te sentirás menos solx y no tendrás que dar toda la lucha por ti mismo; un aliadx ayuda a naturalizar nuestra naturaleza y desactivar ese lugar de bicha rara en que te ponen. Por último es que, si vas a dejar la cagada, déjala con todo: vuélvete loca, da vuelta la mesa, quiébrate un vaso (procura no herir a nadie por favor) y tira la comida contra la pared. Además puede ofender los regalos o la comida que haya llevado tu tía Myriam (aunque la ensalada de papas mayo estaba buenísima, miente). Este pequeño acting out resulta liberador, deja una huella indeleble y seguramente nunca más te inviten a su navidad de mierda. Bueno, eso o pasa la navidad con tus amigxs LGBTQ+ que seguramente están un poco un la misma. Además te ahorras la violencia y el mal rato.

Más allá de credos y tradiciones, la Navidad debería ser un momento para celebrar la unión con quienes consideras tu núcleo de pertenencia. No por nada en Uruguay eliminaron la navidad en actos oficiales y la reemplazaron por el “Día de la Familia”, y familias hay muchas, muy diversas. Desde pequeños actos de resistencia como mostrar afecto sin miedo, hasta iniciativas más amplias como cenas comunitarias, cada acción contribuye a construir un entorno más inclusivo y seguro para ti, mariquita linda. Lo mereces.

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